lunes, 21 de mayo de 2007

EDMUND KEMPER, "EL GIGANTE ASESINO"

Edmund Emil Kemper nace el 18 de diciembre de 1948 en California. Criado por una madre terrible, que no vacilaba en encerrarlo en el sótano de su casa, Edmund Kemper se vuelve un chico tímido y aislado. Sueña con vengarse e imagina juegos macabros en los cuales tienen un papel esencial la muerte y la mutilación.
Nadie toma en serio sus fantasías morbosas, ni siquiera cuando a los ocho años juega a la silla eléctrica o a la cámara de gas con su hermana, desempeñando el papel de víctima mientras su hermana hacía de verdugo y lo ejecutaba.
En 1963, su madre lo manda a vivir a la granja de sus abuelos paternos, que viven en un rancho de California. Es allí, a los 16 años de edad, cuando dispara contra su abuela con un rifle del calibre 22 y luego la apuñala una y otra vez para desahogar su ira, porque según él, era más estricta y le imponía más castigos que su propia madre. Después le pegó un tiro a su abuelo y dejó el cadáver tendido en el jardín.


El "gigante asesino" , (medía 2,05 m y pesaba 135 kilos), no elegía sus víctimas al azar, las sometía a un cuestionario escrupuloso preparando con anterioridad una lista de características físicas y morales de sus víctimas. Era absolutamente necesario que la víctima tuviera la imagen de las estudiantes que su madre le había prohibido frecuentar. En mayo de 1972 recogió en su coche a dos autostopistas de 18 años, las llevó a un sitio apartado y allí las mató a puñaladas.

En septiembre de 1972, cuatro meses después, mata a otra joven de 15 años de una manera similar, recogiéndola cuando hacía autostop, estrangulándola, violando el cadáver y llevándoselo a casa.
En febrero de 1973, amenaza a punta de pistola a otra estudiante para que se meta en el maletero de su coche, antes de llegar a su casa la mata, coloca el cadáver encima de su cama y lo viola, desmiembra el cuerpo en la bañera y arroja los restos al mar; la cabeza la entierra al pie de la ventana del cuarto de su madre. En febrero de 1973, otras dos chicas caen bajo los golpes del "gigantón de Santa Cruz". Kemper amontona los cadáveres en el maletero y regresa a casa de su madre, donde cena tranquilamente. Luego baja a decapitar los cuerpos.
Finalmente Kemper mata a su madre a martillazos mientras duerme, antes de decapitarla y de violar su cadáver. Más tarde pone la cabeza de su madre sobre la repisa de la chimenea y le lanza flechitas mientras la insulta.
Esa noche telefonea a una amiga de su madre y la invita a cenar. Tan pronto como se sienta la golpea, la estrangula y la decapita.
Tras esto decide entregarse a la policía. "El objetivo principal ha desaparecido", dijo más tarde a la policía intentando explicar su decisión por entregarse. En sus confesiones posteriores reconoce que lo que más deseaba era saborear su propio triunfo sobre la muerte de los demás. Él vencía a la muerte y vivía mientras los demás morían. Esto actuaba sobre él como una droga, empujándolo a querer cada día más gloria en su victoria personal a la muerte.
En vida, la muerte siempre estaba con él.
Al preguntársele cómo reaccionaba cuando veía a una muchacha bonita en la calle, contestaba: "Un lado de mí, dice, qué chavala tan atractiva, me gustaría hablar con ella, salir con ella, pero otra parte de mí se pregunta cómo quedaría su cabeza pinchada en un palo". Edmund Kemper fue declarado culpable de ocho asesinatos en primer grado. Cuando le preguntaron qué castigo pensaba que merecía, contestó que "la muerte por tortura".

1 comentario:

Rafael dijo...

Cuando lo ves en el vídeo a este gigante del asesinato parece que razona bastante bien, e incluso que sabe distinguir el bien del mal. Por eso no se entiende, sabiendo las consecuencias de lo que hizo, que lo repitiera tantas veces. E incluso que cuando le preguntaran qué castigo merecía dijera que la tortura hasta la muerte. Al menos es consciente del mal que ha infringido a muchas personas... aunque esto no sé si es un atenuante o un agravante.